Era un viernes en el antro, fui a orinar por primera vez en la velada, el mingitorio era comunal, de esos que no tienen división y le encantan a los homosexuales. Todo transcurría normalmente hasta que un sujeto, en estado de ebriedad, irrumpió en mi espacio personal intentando desplazarme para responder a sus necesidades fisiológicas, yo no lo permití y, oponiendo fuerza con la pierna y el codo, logré finalizar la tarea sin tener que moverme, mientras que con vehemencia le dije "¿Qué te pasa pendejo?". Me dirijí al lavabo para limpiar mis manos y tal vez peinarme un poco. Estando de espaldas escuché que alguien dijo "¿No que no te quitabas cabrón?", giré la cabeza, sólo para percatarme de que había sido el mismo individuo, que ahora me dirigía esas ridículas palabras.
Evalué a mi adversario y vi que mis posibilidades eran muchas pues, aunque un poco corpulento, era menos alto que yo y se notaba bastante ebrio, por lo que tranquilamente contesté, "pues es que sólo vine a mear güey, no a comparar penes como tú ¿tienes algún problema?". A manera de amenaza, me preguntó si quería ir afuera, a lo que yo, ya encabronado respondí mientras me dirigía a la puerta del baño, "ya estoy yendo pendejo, vente".
"¡Ni madre cabrón!" exclamó mientras se me avalanzaba por la espalda y me tomaba del cuello con un brazo. Haciendo uso de mi fuerza y destreza física que, en aquel entonces no estaba tan mermada por el sedentarismo y el alcohol, logré zafarme y ponerlo en una posición incómoda, y así atestarle un primer golpe, el segundo fue interceptado por tres sujetos de seguridad, que habían llegado en cuestión de segundos. Yo, invadido por la ira, no dejé de soltar patadas y puñetazos que no lograban superar la barrera que formaron los tres gorilas, él, desde el otro lado, me señalaba y gritaba amenazas que no pude entender.
Ninguno de los dos, por negligencia de los guardias, fuimos retirados del recinto, unicamente nos dijeron que nos calmaramos, a él lo sacaron primero del baño y luego a mí. Me acerqué a su mesa para decirle que saliera y me interceptó un señor de aproximadamente cuarenta años con facha de judicial: moreno, robusto, bigotón, pelo corto y con esos pliegues característicos en la nuca, semejantes a una lonja. Me dijo que no me metiera en problemas y que me fuera, yo le dije que sólo quería sacarlo para que nos arreglaramos, pero al ver la posición combativa de los tres sujetos que conformaban su grupo, preferí ir a buscar a mis amigos, quienes me advirtieron que se trataba de un grupo de narcomenudistas, y que mejor ya lo dejara por la paz. Sin más, me tragué el coraje y me fui a mi casa, no podía seguir la fiesta en esas condiciones.
Aproximadamente dos años después, aquél sujeto fue desaparecido, causó conmoción porque a pesar de tener antecedentes penales y ser conocido como una persona problemática, pertenecía a una familia acaudalada y conocida en esta ciudad. Hace un par de meses, tras aproximadamente ocho semanas de desaparecido, sus restos fueron encontrados, no se sabe si fue quemado antes o después de morir.
Creo que tomé una sabia decisión aquél día. Aunque nunca fui buscapleitos, hace un par de años era más impulsivo, la violencia sólo incita violencia, y mis bajos instintos prefiero desahogarlos en un ring o en la cama.