Llegas sin saber porqué y sin poder elegir y de la misma manera te vas, azarosa y primitiva es nuestra existencia y no es ninguna novedad. Así pienso y, aunque pueda resultar perturbador no tener mayor soporte que el suelo que pisamos -realidad contraria a la de quienes con opio, justifican su estadía- jamás me faltó nada y me alegro de que nuestro efímero pasar, entre otras cosas, haga infinito al conocimiento, obligue a pensar en los demás, y permita tener expectativas.
Así empecé la carta que le escribí a mi padre cuando, hace unos días, le detectaron un tumor posiblemente maligno, en parte por eso me he desajenado un poco de este changarro, ver a mi madre llorando desconsolada ha sido desgarrador. Como hijo de padres veteranos, entiendo y acepto la inexorable ley de la vida, lo que verdaderamente me aflige es el sufrimiento que no merecen ninguno de los dos, quienes han sido padres ejemplares y a quienes les debo todo. Por ahora sólo queda esperar y por mi parte, seguir adelante, pues no hay nada más tranquilizador para ellos que ver mi desarrollo profesional.
Procuraré no reparar mucho en el tema aquí en el blog y fuera de él, sólo lo necesario, sigo y seguiré siendo una persona alegre al igual que mis padres.


