martes, 26 de mayo de 2009

Cantando bajo la... influencia del alcohol


Una vez, durante el año en que anduve en tierras lejanas, acompañé a un amigo a una disco porque se estaba ligando a una señorita y necesitaba que alguien distrajera a su amiga, tarea que realicé moderadamente bien ya que, a pesar de que llegué a besarme con ella, terminó enojada porque le andaba agarrando las nalgas -bah, quién entiende a las mujeres- pero bueno, eso es lo menos relevante de la anécdota. La gracioso es que cuando salimos (pedísimos) había llovido, por lo que las calles estaban encharcadas y yo, con la alegría y el ritmo que sólo un borracho puede tener, me puse a bailar y cantar
"Singing in the rain" imitando éste clásico del cine, pisando los charcos con enjundia, subiéndome a las farolas, improvisando un tap amater y, al final, convirtiendo el homenaje a Gene Kelly en un homenaje a Kubrick cuando, al ritmo de mi melodioso canto, comencé a darle bofetadas y patadas a mi amigo al final de cada verso, lo cual fue un grave error ya que en ese entonces, él era el 2º Dan de Karate más joven del país, por lo que recuerdo la "amistosa" palma de su mano como si fuera una pesada y áspera piedra.

Sin embargo, nuestro performance coreográfico/marcial/borrachosridículos, tampoco fue lo más importante de la anécdota, la verdadera epítome de mi borrachera, llegó cuando al pasar por un parque, vi una banca que era perfecta para culminar mis acrobacias, así que calculé que pondría un pie en el posabrazos, otro en el respaldo, y en un salto estaría caminando triunfal sobre la mojada y estrecha superficie. Los primeros tres pasos los dí exactamente como había imaginado, pero el desenlace no sería tan glorioso como el que mi mente dibujó, pues me fui de espaldas desapareciendo dentro de un denso arbusto que a penas pudo amortiguar la aparatosa caída; mi amigo corrió en mi auxilio y me extendió una mano para ayudarme a salir de entre las hojas, yo me levanté riendo nerviosamente y continuamos menos eufóricos el camino a casa.
Al despertar me dolía mucho la cara y un chingo el brazo que portaba un enorme moretón originado en la caída.

"Qué buena peda", pensé mientras me sobaba.

viernes, 22 de mayo de 2009

No tiembles, gelatina


Ya sé que dije que iba a escribir una Historia Etílica, pero es que hoy me pasó algo bien jocoso. Resulta que fui a comer, como todos los viernes, al mercado de la Condecha ahí en Nuevo Lyon, y mientras me zampaba sendos tacos de barbacoa con su respectivo consomé, empezó a temblar bastante fuerte, tan así que la señorita que se encontraba degustando su comida al lado mío, se tiró medio consomé encima. Dentro del breve momento de pánico que se generó, al ver que no había ningún objeto oscilando peligrosamente sobre mi cabeza, seguí comiendo, pero lo gracioso no fue ni la exhaltación de la dama ni mi indiferencia ante el suceso, sino que ella, después de terminar su comida nerviosamente, perdió el equilibrio al pararse, por lo que, a manera de chiste le dije: ¿Otro sismo?. La única respuesta que obtuve fue una mirada de indignación.

Hay gente que no tiene sentido del humor.

martes, 19 de mayo de 2009

Respuesta


Hoy comprobé que la Teoría A era cierta. Por ridículo que parezca, algún hijo de su puta madre abrió mi coche, metió su asquerosa mano en la guantera, sustrajo mi Ipod, y después "amablemente" dejó todo en orden. Lo sé porque hoy quise cargar mi celular y me dí cuenta de que el Ipod no era lo único que faltaba desde un principio, tampoco estaba mi cargador de coche que, sin temor a equivocarme, puedo asegurar que nunca he bajado, así que forzosamente alguien me lo robó.

Por un lado me resulta inquietante que haya gente que pueda abrir mi auto y desactivar la alarma con tanta facilidad, por lo que me compraré uno de esos bastones antirrobo, pero, por otro lado, me siento un poco mejor ahora, pues me había puesto de muy mal humor perder un objeto tan valioso para mí, de una manera tan estúpida.

Pero bueno, ya lo pasado pasado, no me interesa, ya lo sufrí y lloré, todo quedo en el ayer, ya olvidé, ya olvidé, ya olvidé, y como sé que no les importan todas estas pendejadas que me han ocurrido ultimadamente, el próximo post será una Historia Etílica, ya que hace mucho no escribo una.

sábado, 16 de mayo de 2009

Enigma


No mamen, no lo entiendo, perdí mi Ipod de la manera más pendeja, insólita e inexplicable. Les cuento. Mi Ipod está casi todo el tiempo en mi coche, sólo lo llevo conmigo cuando me voy de viaje. La cosa es que ayer fui a un antro y recuerdo perfectamente que lo utilicé todo el trayecto, cuando llegué y me estacioné, lo desconecté y lo metí a la guantera como costumbro, o por lo menos es lo que recuerdo, al salir del antro (no iba -muy-borracho) subí a mi coche y, cuando quise sacarlo para emprender el largo camino a mi casa, no lo encontré, peor aún, no sé donde mierda quedó, no aparece, ¿cómo chingados pudo perderse dentro de mi coche?, no lo entiendo, la guantera no tiene ningún agujero donde pudiera filtrarse y ya revisé en cada resquicio del vehículo y NO APARECE, ¿qué le pudo haber pasado?, repito que estoy seguro de que lo venía utilizando, y estoy casi seguro de que lo metí a la guantera, ¿por qué habria de bajarlo? además me hubiera dado cuenta, esto no tiene sentido en lo absoluto, la verdad es que me la pasé muy bien ayer, pero ésta pérdida, en conjunción a que estoy sufriendo en la chamba desvelado y crudo, me hace pensar que no debí salir ayer.

Tengo algunas de teorías acerca de la misteriosa desaparición:

Teoría A: Un diestro ladrón desactivó la alarma de mi coche, lo abrió y sustrajo el Ipod para después dejar todo en orden.

Teoría B: El vieneviene contra el que arremetí quiere vengarse, y está llevando a cabo un plan para sacarme de quicio hurtando cosas sin que me dé cuenta, es probable que ahora empiecen a desaparecer cosas de mi cuarto.

Teoría C: Sin querer confundí la ventana de mi coche con la guantera.

lunes, 11 de mayo de 2009

Tiempo real


¿Se acuerdan de mi gastritis? Pues ya no tengo, ahora sé que más que el picante, lo que le estaba dando en la madre a mi estómago era tomar en exceso más de dos veces por semana, ahora que soy un hombre de bien, responsable y trabajador (con horarios), también he despejado la gran duda existencial que hasta hace unos meses me atormentaba: no soy alcohólico.

En otras noticias, todo parece indicar que el güey que me quiso asaltar no era "viene viene", o por lo menos no trabaja en la zona, hablé ya con la mayoría de ellos y parece que se ganan la vida honradamente (aunque eso de apartar lugares es una putada) de 8 de la mañana a 6 de la tarde.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Estoy preocupado


Hoy salí del trabajo muy malhumorado y un "viene viene" de esos que apartan lugares con cubetas me interceptó y, de mala manera, me pidió dinero, yo miré para todos lados y me dí cuenta de que me encontraba solo con él en la calle, él güey tenía facha de delincuente, pero no se veía ni más alto ni más fuerte que yo, por lo que tranquilamente le pregunté:

- ¿Por qué me pides lana güey, trais navaja o algo?

A lo que él respondió:

- Sí, pero no la quiero sacar.

Cualquier otro día hubiera negociado con él diciéndole que no tenía dinero, o le hubiera dado unas monedas de mi bolsillo alegando que era todo lo que llevaba, pero hoy, obnubilado por la ira y la adrenalina que traía, reaccioné dándole un empujón que lo mandó de nalgas al cemento, seguido de una patada ligera pero contundente en las costillas y un: "vas a asaltar a tu puta madre hijo de puta". Caminé apresuradamente la cuadra y media que faltaba para llegar a mi coche y me fui.

Ahora estoy preocupado porque no pensé en que casi todos los días tengo que ir a estacionar por esos rumbos y corro el riesgo que ese hijo de puta se desquite conmigo o con mi auto, y lo peor es que no recuerdo su cara, así que cada vez que vea a un "viene viene" voy a estar como paranóico pensando que me va a querer chingar.

martes, 5 de mayo de 2009

Ritos íntimos


Lo hago por ver tus ojos bien abiertos y brillando, por esa risa incontenible, por esa mirada penetrante y esa boca sin respuestas, lo hago también porque sí, porque me gusta reírme de todo.

Pero más lo hago porque después de la agitación, a tu lado entre las sábanas, nada me complace como tu sonrisa.