Una vez, durante el año en que anduve en tierras lejanas, acompañé a un amigo a una disco porque se estaba ligando a una señorita y necesitaba que alguien distrajera a su amiga, tarea que realicé moderadamente bien ya que, a pesar de que llegué a besarme con ella, terminó enojada porque le andaba agarrando las nalgas -bah, quién entiende a las mujeres- pero bueno, eso es lo menos relevante de la anécdota. La gracioso es que cuando salimos (pedísimos) había llovido, por lo que las calles estaban encharcadas y yo, con la alegría y el ritmo que sólo un borracho puede tener, me puse a bailar y cantar "Singing in the rain" imitando éste clásico del cine, pisando los charcos con enjundia, subiéndome a las farolas, improvisando un tap amater y, al final, convirtiendo el homenaje a Gene Kelly en un homenaje a Kubrick cuando, al ritmo de mi melodioso canto, comencé a darle bofetadas y patadas a mi amigo al final de cada verso, lo cual fue un grave error ya que en ese entonces, él era el 2º Dan de Karate más joven del país, por lo que recuerdo la "amistosa" palma de su mano como si fuera una pesada y áspera piedra.
Sin embargo, nuestro performance coreográfico/marcial/borrachosridículos, tampoco fue lo más importante de la anécdota, la verdadera epítome de mi borrachera, llegó cuando al pasar por un parque, vi una banca que era perfecta para culminar mis acrobacias, así que calculé que pondría un pie en el posabrazos, otro en el respaldo, y en un salto estaría caminando triunfal sobre la mojada y estrecha superficie. Los primeros tres pasos los dí exactamente como había imaginado, pero el desenlace no sería tan glorioso como el que mi mente dibujó, pues me fui de espaldas desapareciendo dentro de un denso arbusto que a penas pudo amortiguar la aparatosa caída; mi amigo corrió en mi auxilio y me extendió una mano para ayudarme a salir de entre las hojas, yo me levanté riendo nerviosamente y continuamos menos eufóricos el camino a casa. Al despertar me dolía mucho la cara y un chingo el brazo que portaba un enorme moretón originado en la caída.
"Qué buena peda", pensé mientras me sobaba.


