domingo, 22 de noviembre de 2009

Hipocresía


Hoy me desperté tarde y con la hermosa sensación de haber dormido todo lo que no había dormido en días, después de una semana de mucho trabajo y poco sueño, lo último que uno quiere es pensar, así que voy a quedarme en cama, ingerir comida chatarra, rascarme los huevos, ver alguna comedia burda o película de acción y, para ser congruente con mi estado de ánimo, contarles una anécdota simplona a la que llamaré "Hipocresía":

Estaba en mi casa viendo películas con una amiga (no debería advertirles pero cada vez que veo películas con alguna amiga, mi intención es tener sexo con ella) pero bueno, como les iba diciendo estaba viendo películas con una amiga y, sutilmente llevé su mano a mis genitales, ella comenzó a acariciarme timidamente y después con cierto ímpetu que pude notar cuando me vi despojado parcialmente de mis pantalones y ropa interior. Al notar su excitación coloqué mi mano en su cabeza y la encaminé con delicadeza hacia abajo (no sé por qué la mayoría de las mujeres necesitan un empujón para realizar ciertas labores), ella se resistió y dijo convencida -no te la voy a chupar-, así que para no prolongar un momento incómodo contesté -bueno, entonces dame un beso-.

Llamo "Hipocresía" a ésta historia ya que al decirle lo anterior, al pedirle que me diera un beso, ella pareció entender otra cosa, pues asintió con la cabeza y tranquilamente se acercó a mi erección para darle un beso... y luego otro... y otro... y así se siguió un buen rato mientras yo permanecía mirando la televisión y pensando: "Esto te sale bastante mejor que hacerte la pudorosa..."

viernes, 13 de noviembre de 2009

Tiempo Rial


Ultimamente he reflexionado mucho y he tenido muchas ganas de escribir, lamentablemente el trabajo me lo ha impedido casi por completo, han sido unos meses laborales muy intensos y seguirán así hasta fin de año, pero bueno, no está en mis planes abandonar este espacio y aunque sea por disciplina, seguiré escribiendo pendejadas como la de la entrada anterior. Ahora mismo tengo en mente varios posts y, entre ellos, una serie a la que llamaré: "Las mujeres de mi vida", en la que describiré brevemente a cada una de las féminas que sentimentalmente han sido importantes para mí, y que han seguido presentes en mi vida, a pesar de yo tener novia y mucho trabajo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Anécdota que no necesariamente cuenta con moraleja o información relevante


Todos alguna vez hemos estafado a alguien involuntaria pero concienzudamente, es decir, permitido que la otra persona se equivoque en darnos más dinero, producto o servicio de lo que nos correspondía. Si no es así, lo más probable es que tú mismo hayas sido vícitma de esos actos, lo cual significa que eres bien pendejo.

Pero bueno, la cosa es que vinieron unos amigos de mi ciudad a ver el concierto de cierto grupo popero mamón, y se alojaron en mi departamento. Un día llegó uno de mis amigos del súper y yo, que estaba ocupado jugando tetris, le pedí que tomara mi billetera y se cobrara el dinero que me había prestado la noche anterior. Como yo confío mucho en mis amigos no conté mi dinero hasta dos días después de que ellos se fueron, y al hacerlo, tuve la grata sorpresa de encontrar que mi amigo había puesto la cantidad de $450 pesos, sin retirar un billete de $500 como correspondía, pero yo, que soy una persona sumamente honrada, hice lo que cualquier caballero hubiera hecho, le llamé por teléfono y le agradecí por el dinero que me regaló, diciéndole que las próximas cervezas serían a su salud.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Calaverita


El Cabrón Insensible andaba,
dándoselas de chingón
sin saber él lo siguiente:
recibiría una lección

Pasaba una señorita,
contoneando las caderas
y el susodicho le dijo:
"si me muero quién te encuera"

Se le acercó decidido
y un beso le propinó
no creyó que por caliente
fuera a parar al panteón

La mentada muchachita
la máscara se quitó
se trataba de la flaca
y al cielo se lo llevó

Nuestro Cabrón Insensible
ésa jamás la contó
y el blog de tu preferencia
abandonado quedó

viernes, 23 de octubre de 2009

Alerta: Post de contenido escatológico


Para bajarle un poco a la seriedad de la última entrada, escribiré de cuando utilizaba las redes sociales para buscar sexo, o sea, hace muy poco (ahora sólo las uso para fisgonear a mis amigas buenorras).

Un día me encontré con el perfil de una señorita cuyas fotos eran de sobremanera sugerentes, por lo que procedí a agregarla como "amiga". A los pocos días tuve la oportunidad de chatear con ella y, sin yo tener que insinuar nada, terminamos hablando de sexo, así que, ni tardo ni perezoso, la invité a "ver películas" en mi casa.

Total que accedió y a los pocos días nos encontrabamos acostados en mi cama, iluminados únicamente por el brillo del televisor, que seguramente proyectaba las imágenes de alguna comedia romántica. Antes de terminar los anuncios (si es que los hubieron) yo ya había dado el primer paso para tener un encuentro sexual sin compromiso que, si no fuera por dos detalles que me perturbaron bastante, hubiera sido como cualquier otro.

No es por menospreciar mis destrezas sexuales ni mis respetables dimensiones, pero la susodicha se aventaba unos gemidos TAN exagerados que me causaron risa e incomodidad, imagínense a una gata penetrada por la versión felina de Ron Jeremy, o mejor dicho, por Ron Jeremy. Me dio la impresión de que la señorita había visto demasiado porno, pero bueno, como no soy una persona quisquillosa, terminé el acto so pena de alborotar a los vecinos, pero lo peor y más desagradable vino cuando al extraer mi miembro recubierto de latex, lo encontré con algo de sangre, cosa que, dadas las circunstancias, me pareció muy desagradable.

Yo no sé si le llegó en ese momento o simplemente no tuvo la delicadeza de comentarme que estaba reglando, pero a raíz de eso, fui más moderado y cauteloso con esos encuentros.